Entrenadora de baloncesto base femenino hablando con sus jugadoras durante un tiempo muerto

Puedes cambiar de club, de categoría, de pabellón e incluso de entrenador. Pero tarde o temprano vuelves a encontrarte algunos perfiles.

Está quien necesita una pizarra para explicar cómo sacar de fondo ganando de cuarenta. Quien da instrucciones suficientes como para que la base pueda jugar con los ojos cerrados. Quien parece estar enfadado desde septiembre hasta junio. Quien tiene cinco jugadoras grabadas en piedra… y quien consigue que la número doce sienta que el siguiente balón también puede ser suyo.

También están los que aprietan, insisten y corrigen hasta desesperarte, pero consiguen que hagas cosas que meses antes parecían imposibles. Los que ven a una jugadora cuando nadie más parece estar mirándola. Y los que, casi sin que nos demos cuenta, consiguen algo extraordinariamente difícil: que las niñas terminen la temporada queriendo volver al pabellón.

Antes de continuar, una advertencia importante: esto es una radiografía hecha con bastante cariño y unas cuantas dosis de humor.

No pretendemos decidir quién es un buen o un mal entrenador. Queremos reconocernos en algunas de esas pequeñas manías de banquillo, reírnos un poco de nosotros mismos y, entre sonrisa y sonrisa, hacernos alguna pregunta.

Porque seguramente el Multiplicador haya sido alguna vez Spielberg, el entrenador más tranquilo haya tenido su tarde de Sargento de Algodón y casi todos hemos utilizado alguna vez el Google Maps desde la banda.

Pero hay algo de lo que no queremos bromear: la importancia que tienen entrenadores, entrenadoras, educadores y todas las personas que dedican su tiempo al baloncesto de formación.

Son tardes de entrenamiento, fines de semana, desplazamientos, partidos, torneos, reuniones, preparación de sesiones y muchas horas que normalmente nadie ve. Y durante todo ese tiempo no solamente enseñan a botar, pasar, tirar o defender. Para muchas niñas y adolescentes acaban convirtiéndose en uno de los adultos de referencia de una etapa muy importante de sus vidas.

Por eso esta radiografía no es un ataque al banquillo. Más bien todo lo contrario. Es nuestra manera de reírnos de esas cosas que todos reconocemos y, al mismo tiempo, agradecer a quienes están ahí cada semana formando jugadoras y personas.

Después de nuestra Radiografía de la grada, tocaba girarnos hacia el otro lado de la pista.

Bienvenidos a la Radiografía del Banquillo.

¿Eres entrenador o entrenadora?
Puedes leer primero la radiografía completa… o saltarte el scouting y descubrir directamente qué entrenador eres.

🏀 Haz el test: ¿qué entrenador eres?
Entrenador exigente de baloncesto base dando instrucciones a un equipo femenino

1. El Sargento de Algodón

Desde fuera parece que dirige una operación militar. “¡INTENSIDAD!”, “¡CORREMOS!”, “¡ESO NO SE NEGOCIA!”. Nadie sabe exactamente qué es lo que no se negocia, pero por si acaso todo el mundo corre.

Su tono de voz permitiría dirigir simultáneamente el entrenamiento de la pista de al lado. Pero aparece una curiosa contradicción: cinco minutos después de semejante tormenta puede ser el primero en acercarse a preguntar a una jugadora si está bien.

No confundamos intensidad con falta de cariño. Algunos entrenadores han descubierto que su botón de volumen solo tiene dos posiciones: apagado y pabellón entero. Lo importante es que detrás del ruido haya enseñanza, respeto y preocupación por la persona.

La pregunta: ¿mi intensidad empuja a mis jugadoras… o alguna vez les hace tener miedo a equivocarse?

Entrenadora motivando a todas las jugadoras de su equipo de baloncesto femenino

2. El Enchufador de Doce

No hablamos del enchufe que estás pensando. Este es mucho más difícil de conseguir: mantener enchufadas a doce jugadoras durante todo el partido.

La que juega treinta minutos sabe que tiene responsabilidad. La que juega ocho sabe que esos ocho importan. La número doce no está contando cuánto falta para terminar porque entiende que puede llegar su momento.

Y cuando una compañera mete una canasta, mira el banquillo: todas están de pie. Eso también es entrenar. Porque solamente pueden jugar cinco, pero un equipo lo forman muchas más.

La pregunta: cuando llega el partido de verdad y el marcador aprieta, ¿sigo confiando en todas?

Entrenadora de baloncesto base indicando continuamente las decisiones a sus jugadoras

3. El Entrenador Google Maps

“¡PASA!”. “¡BOTA!”. “¡TIRA!”. “¡CORTE!”. “¡IZQUIERDA!”. “¡DERECHA!”.

La jugadora no necesita leer el partido porque lleva navegación asistida desde el banquillo. Si algún sábado el entrenador se queda afónico, quizá descubramos finalmente si las niñas saben llegar solas a la canasta.

Dar información es imprescindible. Resolverles todas las decisiones, quizá no tanto. Formar una jugadora también significa permitir que observe, piense, elija… y, sí, que alguna vez elija mal.

La pregunta: ¿quiero jugadoras que ejecuten mis decisiones o jugadoras capaces de tomar las suyas?

Entrenador de baloncesto femenino corrigiendo técnicamente a una jugadora durante un entrenamiento

4. El que te aprieta… y te hace crecer

“Otra vez”. “Más rápido”. “Ese pie”. “Puedes hacerlo mejor”. “Una última”.

La última, naturalmente, nunca es la última.

Hay entrenadores que consiguen que termines algunos entrenamientos pensando cosas que probablemente sea mejor no publicar. Hasta que un sábado haces en partido aquello que llevabais tres meses repitiendo y descubres que ahora eres capaz de algo que antes no podías hacer.

Entonces empiezas a entenderlo. Exigir no es pedir imposibles. Es conseguir que alguien descubra que podía llegar un poco más lejos.

La pregunta: ¿mi exigencia tiene siempre un propósito que la jugadora puede comprender?

Entrenadora observando en silencio un entrenamiento de baloncesto femenino con las manos detrás de la espalda

5. El Jubilado de la Obra

Manos detrás de la espalda. Observa. Analiza. Mira hacia un lado. Vuelve a observar.

Una jugadora realiza seis veces el mismo gesto de forma incorrecta y continúa contemplando la escena con la serenidad de quien está supervisando cómo hormigonan una acera.

Puede que esté viendo cosas que el resto no vemos. Puede que esté preparando una reflexión extraordinaria para el final. O puede que simplemente estemos esperando una corrección que nunca llegará.

Observar forma parte de entrenar. Pero después de observar suele venir una parte bastante importante: enseñar.

La pregunta: ¿mis jugadoras saben qué deben hacer para mejorar o tienen que descubrirlo por eliminación?

Entrenadora corrigiendo con intensidad a sus jugadoras de baloncesto base durante un tiempo muerto

6. La que te mete un paquete… y aun así todas la quieren

Puede echarte una bronca considerable. No te regalará una felicitación por hacer aquello que sabe que puedes hacer mucho mejor y detecta desde quince metros cuándo estás entrenando al setenta por ciento.

Y, sin embargo, las jugadoras quieren entrenar con ella.

¿Por qué? Porque hay una diferencia gigantesca entre “estoy enfadada contigo” y “sé que puedes dar más”. La corrección termina. La confianza permanece.

Una jugadora acepta muchas cosas cuando sabe que detrás de la exigencia existe alguien que cree realmente en ella.

La pregunta: cuando corrijo con dureza, ¿la jugadora sigue teniendo claro que confío en ella?

Entrenador explicando normas y disciplina a jugadoras de un equipo de baloncesto femenino

7. El Notario del Reglamento

“Son mis normas”. Y probablemente estén protocolizadas desde septiembre.

Llegas tarde: consecuencia. Olvidas algo: consecuencia. Haces aquello: consecuencia. Si preguntas por qué, posiblemente exista jurisprudencia de la temporada 2023/24.

Las normas son necesarias. El compromiso también. La puntualidad, el respeto y la responsabilidad forman parte de un equipo. El problema aparece cuando cumplir la norma pasa a ser más importante que entender qué ha ocurrido.

La pregunta: ¿utilizo las normas para educar o a veces necesito que se cumplan simplemente porque son mías?

Entrenador hablando individualmente con una joven jugadora de baloncesto femenino

8. El que ve a la jugadora que nadie está mirando

La estrella ya sabe que es buena. Todo el mundo la mira cuando entra al pabellón.

Este entrenador también mira hacia el otro extremo. A la que todavía no destaca. A la que juega menos. A la que tarda más en aprender. A la que después de fallar mira inmediatamente al banquillo.

Le corrige el pie de salida. Celebra aquella buena defensa que no aparecerá en ninguna estadística. Le explica qué necesita mejorar. Y un día, casi sin darnos cuenta, aquella jugadora empieza a levantar la cabeza.

A veces cambiar la trayectoria deportiva de una niña empieza con algo tan sencillo como hacerle sentir que alguien la está viendo.

La pregunta: ¿dedico también tiempo de calidad a las jugadoras que hoy están más lejos del foco?

Entrenador de baloncesto base reunido con sus jugadoras durante un partido

9. El Quinteto con Escritura Pública

Hay doce fichas, pero cinco plazas parecen estar inscritas en el Registro de la Propiedad.

Puedes entrenar espectacularmente tres semanas, defender como si te persiguiera la Agencia Tributaria y meter todos los tiros del calentamiento. Pero quedan cuatro minutos, partido igualado… y aparecen las cinco de siempre.

Tener jugadoras de confianza es normal. Competir también implica tomar decisiones. Pero una jugadora necesita percibir que mejorar puede cambiar su situación. Si haga lo que haga el resultado siempre será el mismo, tarde o temprano dejará de intentarlo.

La pregunta: ¿mis jugadoras creen de verdad que entrenar mejor puede abrirles oportunidades?

Entrenadora dando instrucciones a sus jugadoras durante los últimos segundos de un partido de baloncesto

10. El Tiempo Muerto de Estado

Ganamos de 47. Quedan 3,2 segundos.

Tiempo muerto.

Aparece la pizarra. Se dibujan dos bloqueos, una salida indirecta y probablemente una variante por si la defensa cambia. Todo el banquillo contempla una posesión que parece destinada a decidir el futuro de la civilización occidental.

Curiosamente, perdiendo de 38 quedaban dos minutos y la pizarra ya estaba dentro de la mochila.

Competir hasta el final también se enseña. Precisamente por eso merece la pena hacerlo cuando ganamos y cuando perdemos.

La pregunta: ¿enseño a competir siempre o solamente cuando el marcador hace agradable seguir compitiendo?

Entrenadora de baloncesto mostrando de forma exagerada su enfado durante un partido

11. Spielberg del Banquillo

En realidad es buena persona. Incluso puede ser bastante tranquila.

Pero cuando toca demostrar que está enfadada comienza la producción audiovisual: carpeta contra el suelo, botella que aterriza, rotulador sacrificado y cualquier objeto capaz de producir un efecto sonoro convincente.

Cinco minutos después: “Venga, chicas, seguimos”.

Todos perdemos alguna vez la paciencia. Quizá la pequeña contradicción aparece cuando pedimos a las jugadoras que controlen sus emociones mientras nosotros estamos rodando la escena final de una película de catástrofes.

La pregunta: ¿cómo quiero que gestionen ellas la frustración cuando observan cómo la gestiono yo?

Entrenador rodeado de jugadoras de baloncesto femenino satisfechas después de un entrenamiento

12. El Multiplicador

Llega junio y ocurre algo curioso: prácticamente todas hacen alguna cosa mejor que en septiembre.

Una ha mejorado el tiro. Otra defiende mejor. Otra entiende el juego. Una que apenas levantaba la cabeza después de fallar vuelve ahora corriendo a defender. La que no se atrevía a tirar empieza a hacerlo.

Algunas juegan mucho y otras menos. No todas tienen el mismo talento ni progresan al mismo ritmo. Pero casi todas han avanzado.

Quizá no gane todos los campeonatos. Pero consigue algo que debería aparecer mucho más en las estadísticas del baloncesto de cantera: hace mejores a las jugadoras que recibe.

La pregunta: si comparo a cada jugadora consigo misma en septiembre, ¿cuántas son hoy un poco mejores?

Ahora viene lo incómodo: probablemente todos hemos sido varios

El Multiplicador puede convertirse un sábado en Spielberg. El entrenador que da confianza puede activar accidentalmente Google Maps. El gran formador puede haber disputado una final con una rotación de seis. Y el Sargento de Algodón quizá sea precisamente quien más veces se ha sentado junto a una jugadora cuando las cosas iban mal.

No existen doce cajas donde meter a doce entrenadores. Existen personas. Personas que aciertan, se equivocan, aprenden, se frustran y también evolucionan temporada tras temporada.

¿Cómo queremos crear una jugadora valiente si cada error tiene un castigo emocional?
¿Tenemos la misma paciencia con el error de todas las jugadoras?

Y quizá una tercera pregunta sea todavía más difícil: cuando termine la temporada, ¿serán mejores porque han aprendido a obedecernos o porque han aprendido a jugar?

Radiografía de diferentes perfiles de entrenadores y entrenadoras de baloncesto base
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Descubre qué aportas especialmente a tus jugadoras

Aquí no vamos a decidir si eres buen o mal entrenador. Entrenar cantera es demasiado complejo para resumirlo así. Queremos descubrir cuál es tu fortaleza principal como entrenador o entrenadora y dejarte alguna pregunta para pensar en el próximo entrenamiento.

0 de 10 respondidas

1. Una jugadora pierde dos balones seguidos y ves que empieza a dudar. ¿Qué haces?

2. Ganáis de 20 y una jugadora que suele jugar poco ha entrenado especialmente bien esta semana.

3. Tu jugadora más importante y una suplente cometen exactamente el mismo error.

4. Un ejercicio no funciona y las jugadoras parecen perdidas.

5. Ganáis con claridad y quedan pocos segundos.

6. Una familia quiere hablar contigo justo después de un partido complicado.

7. Una jugadora tiene calidad, pero casi nunca se atreve a tirar.

8. ¿Qué situación te deja más satisfecho después de un partido?

9. El equipo hace un partido horrible.

10. Termina la temporada. ¿Qué te gustaría poder decir?

Te falta alguna respuesta. Son diez; puedes con esto. Has sobrevivido a temporadas más largas.
Tu resultado

Energía
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Equipo
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Autonomía
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Desarrollo
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Tu pequeño pecado confesable de banquillo:

Una pregunta para llevarte al próximo entrenamiento:

Mucho más que la persona que pone los conos

Hay algo que a veces olvidamos cuando hablamos de sistemas, minutos, victorias, derrotas o clasificaciones.

Un entrenador o entrenadora de cantera pasa muchísimas horas cada semana con niñas y adolescentes. Entrenamientos, partidos, desplazamientos, torneos, concentraciones, días buenos y días bastante menos buenos.

Sin sustituir nunca a la familia, en algunos momentos puede convertirse en algo parecido a un segundo padre o una segunda madre deportiva: uno de esos adultos de referencia que aparecen durante una etapa especialmente importante de la vida.

Las familias les confían durante horas algo muchísimo más importante que un resultado. Les confían a sus hijas.

Y aquellas niñas observan mucho más de lo que parece. Aprenden cómo reaccionamos cuando alguien falla. Cómo tratamos a quien juega menos. Cómo celebramos una victoria. Cómo afrontamos una derrota. Si escuchamos. Si respetamos. Si cumplimos aquello que les exigimos.

Puede que dentro de veinte años una jugadora no recuerde aquella salida de fondo que entrenaste durante tres semanas. Probablemente tampoco recuerde el resultado de aquel infantil preferente.

Pero quizá sí recuerde que creíste en ella cuando todavía no era de las buenas. Que la apretaste cuando sabías que podía dar más. Que después de un partido horrible no la hiciste sentirse una jugadora horrible. Que le enseñaste que fallar un tiro no significaba esconderse en el siguiente.

¿Las jugadoras que entreno se atreven a equivocarse delante de mí?
¿La última jugadora de mi rotación siente que también estoy intentando hacerla mejor?
¿Cuando termine la temporada tendrán más ganas de jugar al baloncesto que cuando empezó?

No existe el entrenador perfecto. Y probablemente tampoco sería especialmente divertido entrenar con él.

Pero sí existen entrenadores que dejan huella. Algunos ganan campeonatos. Otros forman magníficas jugadoras. Los mejores consiguen algo todavía más difícil: ayudan a formar jugadoras y personas sin conseguir que dejen de amar el baloncesto por el camino.

A todos los entrenadores, entrenadoras, ayudantes y educadores que dedicáis tardes, fines de semana y una parte enorme de vuestro tiempo a acompañarlas: gracias. 🏀❤️