Contraste entre dos estilos de entrenamiento en baloncesto de cantera femenino
CANTERA EN DEBATE

Todos decimos que en el baloncesto de cantera lo importante es formar. Hasta que quedan tres minutos, el partido está empatado y hay que decidir quién entra en pista.

Entonces aparece una pregunta bastante más incómoda.

¿Queremos realmente formar o queremos ganar?

Seguramente queremos ambas cosas.

Y tampoco hay nada malo en ello.

Competir forma. Aprender a ganar forma. Aprender a perder también. Jugar bajo presión, asumir responsabilidades y disputar partidos importantes forma parte del deporte.

El problema empieza cuando la palabra formación aparece mucho en los discursos y bastante menos en algunas decisiones.

UNA ESCENA BASTANTE HABITUAL Minuto 34. Infantil. +31 en el marcador. Vuelven a pista prácticamente las mismas jugadoras.

Ahí quizá ya no estamos hablando solamente de competir.

Estamos hablando de qué entendemos realmente por formar una jugadora.

Este artículo no pretende señalar a entrenadores, clubes ni familias.

Todos hemos querido ganar alguna vez más de lo que estábamos dispuestos a reconocer.

La intención es otra:

preguntarnos qué significa realmente formar cuando hablamos de niñas y adolescentes.

EL DILEMA

Todos queremos formar. Pero también queremos ganar.

🏆

Ganar también forma

Competir no es una palabra prohibida en el deporte base

Empecemos por algo importante.

Querer ganar no es malo.

Estamos practicando deporte.

Competir significa aprender a gestionar presión, frustración, responsabilidad, nervios, errores y momentos importantes.

Una semifinal. Una final. Un Campeonato de España. Un partido decisivo.

Hay momentos en los que un entrenador puede reducir la rotación porque el equipo está compitiendo por algo importante.

Eso también puede formar parte del aprendizaje.

No pasa nada porque alguna vez la formación ceda espacio a la competición. El problema empieza cuando todos los partidos se convierten en ese “alguna vez”.
📈

El misterioso partido de +30

Cuando la victoria ya parece bastante encaminada

Partido de liga.

Tu equipo gana de 32.

Quedan seis minutos.

Y continúan jugando muchas de las mismas jugadoras que ya llevan veinte, veinticinco o treinta minutos en pista.

Aquí la explicación “hay que competir” empieza a resultar algo más difícil.

Porque precisamente esos minutos pueden ser una oportunidad extraordinaria para las jugadoras que normalmente tienen menos protagonismo.

Subir el balón.

Atacar.

Defender a una jugadora buena.

Tomar decisiones.

Fallar.

Volver a intentarlo.

—Pero igual hay que mandarle un mensaje.

—Tiene que entrenar mejor.

—Tiene que ganarse los minutos.

Puede ser.

El esfuerzo debe importar.

El rendimiento debe tener consecuencias.

Entrenar bien debería generar oportunidades.

Pero si queremos mandarle un mensaje a una niña de 13 años, quizá exista una herramienta revolucionaria:

explicárselo.

Si quieres corregir algo, corrígelo. Si quieres que mejore algo, entrénalo. Sentarse treinta minutos en un banquillo no siempre explica con demasiada precisión qué tiene que mejorar una jugadora.
MINUTOS Y OPORTUNIDADES

No todas tienen que jugar lo mismo

Conviene aclararlo.

Formación no significa repartir el partido matemáticamente entre doce jugadoras.

Una jugadora que entrena con intensidad, se esfuerza, mejora y rinde debería encontrar recompensa en el deporte.

Y una jugadora que no entrena bien también debe aprender que eso tiene consecuencias.

Eso también es educativo.

Igualdad de minutos y oportunidad de desarrollo son dos cosas completamente diferentes.

Una puede jugar 26 minutos.

Otra 18.

Otra 12.

Puede existir una jerarquía deportiva perfectamente razonable.

La pregunta aparece cuando semana tras semana la diferencia es algo parecido a:

31 minutos frente a 3.

⏱️

Los minutos testimoniales

Cuando entrar en pista se parece demasiado a cumplir un trámite

Quedan dos minutos.

El partido está decidido.

Salen juntas las cuatro o cinco jugadoras que menos han participado.

Probablemente la intención sea buena.

“Ahora les damos minutos.”

Pero existe otra lectura.

Las propias jugadoras saben quién juega normalmente y quién entra cuando todo está resuelto.

La grada también.

Y puede aparecer una etiqueta que nadie ha pronunciado pero todo el mundo ha entendido.

—Ahora salen las menos buenas.

Quizá sea mucho más formativo integrar a esas jugadoras durante diferentes momentos del partido, junto a compañeras con mayor experiencia o rendimiento.

Porque una jugadora que todavía está creciendo probablemente aprenda mucho más jugando ocho minutos reales que tres minutos administrativos.

UNA PREGUNTA PARA EL CLUB

Si tienes 12 jugadoras, pero consideras que cinco no pueden jugar…

¿por qué están en ese equipo?

Pedimos compromiso a doce. Entrenamientos a doce. Viajes a doce. Cuotas a doce familias.

Quizá también deberíamos preguntarnos qué proyecto deportivo estamos ofreciendo a esas doce jugadoras.

APRENDER A EQUIVOCARSE

El error también forma. La reacción al error, todavía más.

😬

Primer balón. Primera pérdida.

Y automáticamente mira al banquillo

Sale una jugadora que normalmente juega poco.

Pierde el primer balón.

Antes incluso de volver a defender, gira la cabeza hacia su entrenador.

Eso ya puede decir bastante.

Porque en lugar de pensar:

—He perdido el balón. Ahora tengo que recuperarlo.

quizá esté pensando:

—Me va a cambiar.

Y efectivamente llega el cambio.

¿Qué hemos enseñado?

¿Cómo quieres crear una jugadora valiente si cada error tiene un castigo emocional?

Queremos jugadoras con iniciativa.

Que ataquen.

Que tomen decisiones.

Que asuman responsabilidades.

Que tengan confianza.

Pero la confianza necesita un espacio donde también sea posible equivocarse.

⚖️

¿Tenemos la misma paciencia con el error de todas las jugadoras?

Quizá esta sea una de las preguntas más incómodas del artículo

La jugadora importante pierde tres balones.

—Venga. Siguiente jugada.

La jugadora que normalmente juega poco pierde uno.

—Cambio.

Evidentemente cada situación es diferente.

Pero merece la pena preguntarnos si concedemos el mismo margen de aprendizaje a todas las jugadoras.

Porque la jugadora que disfruta de veinte oportunidades puede corregir un error durante el propio partido.

La que dispone de una sola quizá pase toda la semana pensando precisamente en ese error.

Una jugadora no aprende únicamente evitando errores. También aprende descubriendo qué hacer después de cometerlos.
💬

Exigencia no significa negatividad permanente

Corregir también puede hacerse sin convertir cada error en una tragedia

Un entrenador puede ser exigente.

Muy exigente.

Puede pedir intensidad, concentración, defensa y compromiso.

Puede corregir.

Puede sentar a una jugadora.

Incluso puede enfadarse.

Pero existe una diferencia importante entre exigir y construir una dinámica de:

error → grito → aspaviento → mala cara → banquillo

repetida una y otra vez.

El refuerzo positivo tampoco significa felicitar absolutamente todo.

Puede ser algo tan sencillo como:

—Buena decisión, aunque no haya entrado.

—Bien visto. La próxima, un segundo antes.

—Has perdido el balón. Vuelve y defiende.

—Eso que estamos trabajando hoy lo has hecho mucho mejor.

Una niña necesita saber qué hace mal.

Pero también necesita saber cuándo está progresando.

“Yo soy así. Soy dura” puede explicar un estilo. No debería convertirse automáticamente en una filosofía de formación.
CONFIANZA

Formar también es permitir que una jugadora se convierta en algo que todavía no es

En categorías de formación aparecen muy pronto las etiquetas.

La base buena.

La tiradora.

La alta.

La defensora.

La suplente.

La que juega poco.

Pero una jugadora de 12 o 13 años todavía está construyéndose.

La número once de hoy puede ser una jugadora completamente distinta dentro de tres temporadas.

Formar también significa darle a una jugadora la oportunidad de convertirse en algo que todavía no es.
CONSTRUIR EQUIPO

¿Tenemos un equipo o simplemente un grupo de doce jugadoras?

Llevar la misma camiseta no convierte automáticamente a doce jugadoras en un equipo.

Entrenar juntas tampoco.

Ni hacer una cena.

Ni gritar juntas antes de salir a pista.

Un grupo comparte entrenamientos. Un equipo comparte un objetivo y todas sienten que tienen algún papel para alcanzarlo.

Una jugadora puede entender perfectamente que otra compañera sea mejor.

Puede entender que juegue más.

Puede entender incluso que cierre los partidos importantes.

Lo difícil es sentir que, haga lo que haga, su papel ya está decidido.

La motivación necesita percibir una relación entre:

🏀 trabajo 📈 mejora 💪 esfuerzo 🚪 oportunidad

Si entreno mejor, puedo tener más oportunidades.

Si mejoro algo concreto, puedo asumir más responsabilidad.

Eso construye un camino.

Pero:

entrenar → no jugar → entrenar → no jugar → entrenar → no jugar

sin saber qué debe cambiar una jugadora puede resultar bastante difícil de sostener durante una temporada entera.

🏢

Los clubes también tienen una responsabilidad

Explicar qué proyecto estamos ofreciendo antes de hacer la ficha

Quizá antes de empezar una temporada deberíamos poder responder a una pregunta muy sencilla:

¿Cuál es el objetivo de este equipo?

No es exactamente lo mismo decir:

—Queremos desarrollar a las doce jugadoras, aunque en algunos momentos eso pueda costarnos partidos.

que decir:

—Este equipo está construido para competir al máximo nivel y el rendimiento tendrá mucho peso en los minutos.

Las dos filosofías pueden ser legítimas.

Lo difícil aparece cuando ofrecemos una y practicamos permanentemente la otra.

Y si un club decide realmente apostar por una filosofía formativa, quien entrena necesita respaldo para aplicarla.

Incluso cuando una decisión formativa puede costar un partido.

👨‍👩‍👧

Y ahora nos toca a las familias

Defender la formación cuando puede costarnos una derrota

Esta parte es bastante sencilla desde la grada.

—Tienen que jugar todas.

—Esto es formación.

—El resultado no es lo importante.

Hasta que quedan tres minutos.

Empate.

Entra una jugadora con menos experiencia.

Pierde dos balones.

Y perdemos.

Entonces quizá aparezca:

—No entiendo ese cambio.

—Ese partido estaba ganado.

—Tenía que haber puesto a las mejores.

Y aquí aparece nuestra propia contradicción.

No podemos exigir que un entrenador forme y después juzgar cada derrota formativa como si fuera el quinto partido de unas Finales.
CANTERA EN DEBATE

¿Estamos realmente preparados para perder por formar?

¿Preferimos ganar hoy de cuatro o tener dentro de dos años diez jugadoras capaces de decidir un partido?

Porque si todos los momentos difíciles los resolvemos siempre con las mismas cinco jugadoras, quizá estemos preparando extraordinariamente bien a cinco.

Y dejando a otras siete mucho menos preparadas para cuando algún día también necesitemos que decidan.

TAMBIÉN HAY MOMENTOS PARA COMPETIR

Una temporada no es lo mismo que un Campeonato de España

Tampoco conviene llevar el argumento al extremo contrario.

Hay temporadas con decenas de partidos: liga, amistosos, torneos, fases, campeonatos y competiciones.

Y dentro de todos esos partidos puede haber dos o tres momentos realmente extraordinarios.

Una semifinal.

Una final.

Un Campeonato de España.

Ahí es perfectamente comprensible que el entrenador gestione el partido con un objetivo competitivo mucho más marcado.

Porque intentar ganar también forma.

Lo que deberíamos evitar es utilizar la lógica de una final durante cincuenta partidos al año.

Los partidos decisivos pueden justificar decisiones excepcionales. Lo que no debería ocurrir es convertir cada domingo en un partido decisivo.
QUIZÁ EL RESULTADO SEA OTRO

¿Cuántas seguirán jugando dentro de unos años?

Hay una consecuencia que quizá no aparece en ninguna clasificación.

Una niña puede entrenar.

Esperar.

Volver a entrenar.

Intentarlo.

Equivocarse.

Volver al banquillo.

Y repetir ese proceso durante meses.

Hasta que un día deja de discutir por los minutos.

Deja de enfadarse.

Deja de preguntar.

Y finalmente puede dejar de jugar.

Quizá el abandono deportivo tenga muchas causas.

Seguramente muchísimas.

Pero merece la pena preguntarnos cuánto influye sentirse importante, tener oportunidades, poder equivocarse y mantener la confianza.

Tal vez dentro de unos años el resultado más importante no sea quién ganó aquella liga Infantil, sino cuántas de aquellas niñas siguen queriendo jugar al baloncesto.
CANTERA EN DEBATE

La pregunta incómoda

Quizá la pregunta no sea si en cantera hay que formar o ganar.

Ganar forma.

Competir forma.

Equivocarse forma.

Aprender a perder también.

La pregunta es qué estamos dispuestos a sacrificar para conseguir una victoria.

Todos decimos que queremos formar. ¿Estamos también preparados para perder un partido porque hoy tocaba formar a una jugadora?

Porque si para ganar necesitamos que una niña deje de equivocarse, deje de asumir responsabilidades, deje de jugar y finalmente deje de sentirse parte del equipo, quizá esa victoria nos esté saliendo demasiado cara.

Y esta responsabilidad no pertenece únicamente al entrenador.

Los clubes deben explicar qué proyecto ofrecen.

Los entrenadores necesitan respaldo para formar.

Las jugadoras necesitan oportunidades para crecer.

Y las familias también debemos aceptar que formar algunas veces significa perder.

Y ahora te toca a ti. En baloncesto de cantera, ¿dónde pondrías tú el equilibrio entre formar y ganar?
ESTE DEBATE NO TERMINA AQUÍ

Hay dos preguntas que merecen su propio artículo

🚪

¿Por qué dejan las niñas el baloncesto?

Cuando algo que les apasionaba deja de hacerlas disfrutar

Minutos, confianza, presión, adolescencia, estudios, entrenadores, familias, amistades, lesiones…

Hay muchas razones.

Y merece la pena hablar de ellas.

⏱️

“Haga lo que haga, no juego”

¿Qué hacer cuando las oportunidades no llegan?

¿Seguir trabajando? ¿Hablar con quien entrena? ¿Deben intervenir los padres? ¿Cambiar de equipo?

Otro debate donde probablemente no exista una única respuesta.

Debatamos con respeto.Puedes contar experiencias y explicar tu opinión, pero evita nombres de jugadoras menores de edad, entrenadores, familias o clubes concretos. El objetivo no es señalar a nadie: es reflexionar sobre cómo podemos mejorar el baloncesto de formación.