
Puedes cambiar de ciudad, de club, de categoría e incluso de país y, tarde o temprano, vuelves a encontrarte a las mismas personas.
No exactamente las mismas, claro.
Pero casi.
Está quien solo escribe cuando su hija ha hecho un partidazo. Quien sabe exactamente cuántos minutos ha jugado cada una. Quien, por algún extraño error administrativo, sigue sentado en la grada en lugar de dirigir al equipo. Quien conoce el próximo fichaje antes que el propio club. Y quien protesta absolutamente todo.
También existe ese bendito ser humano que sabe dónde se juega, dónde aparcar y, sobre todo, dónde desayunar.
Bienvenidos a la grada del baloncesto de cantera.
Padres y madres vivimos el baloncesto base de formas muy diferentes, aunque algunos personajes parecen repetirse en casi todos los pabellones.
Una pequeña sociedad donde casi todo el mundo asegura querer únicamente una cosa.
Seguro que conoces a alguno. Igual incluso te reconoces tú.
Yo-Yo
Especialidad: conseguir que cualquier conversación vuelva a su hijaYo-Yo tiene una habilidad extraordinaria: cualquier conversación acaba regresando misteriosamente al mismo lugar.
Su hija.
—Qué partido tan complicado el de hoy.
—Sí, sí. Por cierto, la mía ayer entrenó con las mayores.
—Parece que va a llover el fin de semana.
—Pues la mía juega mejor cuando hace frío.
No existe tema suficientemente alejado como para que Yo-Yo no encuentre el camino de vuelta.
Curiosamente, los vídeos, estadísticas, convocatorias y fotografías llegan con especial intensidad cuando las cosas van bien.
Cuando no van tan bien, el servicio de noticias entra temporalmente en mantenimiento.
Incluso puede aparecer una pregunta aparentemente inocente:
—¿Y la tuya qué tal?
Quien lleva suficientes temporadas en una grada sabe que quizá no convenga responder durante demasiado tiempo.
Porque a veces esa pregunta solamente es el pase previo para poder volver a hablar de la suya.
Mi hija más que las demás, pero con competitividad Camuflada
“Lo importante es que disfruten”, pero conoce hasta el basket-average. Si hay que pisar a alguien, pues se pisa (disimuladamente)Es uno de los ejemplares más sofisticados de la grada.
Porque asegura que la competitividad no va con esa familia.
Nada.
Cero.
Lo dice mientras lleva mentalmente el +/- de su hija, controla los minutos de las compañeras y analiza el calendario para calcular quién puede quedar primero de grupo.
Además, su hija tampoco juega nunca mal.
A veces las compañeras no la encuentran. O el equipo no la acompaña. O quien entrena no sabe utilizarla. O el arbitraje no le permite entrar en ritmo.
O Mercurio está retrógrado.
Pero ella, mal, lo que se dice mal… nunca.
Durante el partido suele aparecer la versión menos camuflada. Con gritos desmesurados:
—¡¡VAMOS!!
—¡¡TIRA TU!!
—¡¡PRESIONA!!
—¡¡ROBA!!
Y si el rival está lanzando tiros libres, puede descubrirse de repente que el silencio deportivo está bastante sobrevalorado.
Competitividad Discreta
La competición interior que nadie reconoceNo protesta.
Felicita a todo el mundo.
Parece que todo le da exactamente igual.
Pero conoce perfectamente quién juega, quién empieza de titular, quién está destacando y quién puede convertirse en competencia deportiva de su hija.
Nunca dirá directamente que su hija es mejor.
Simplemente irá dejando pequeñas pistas para que llegues tú solo a esa conclusión.
Modo Happy… hasta que deja de ser Happy
“Cada jugadora tiene su papel en el equipo”. Sobre todo si el papel es el de otra.Buen rollo.
Sonrisa.
Todo fenomenal.
“Lo importante es el equipo.”
“Hay que entender los papeles que tiene cada una en el equipo.”
Especialmente cuando el rol secundario pertenece a la hija de otra familia.
Entonces los roles son pedagógicos, necesarios y hasta fundamentales para construir equipos.
Pero un día llega un fichaje nuevo.
Juega en la posición de su hija.
Y juega bastante.
Se produce entonces un pequeño fallo en Matrix.
Los roles dejan de parecer tan maravillosos.
Existe además otra prueba definitiva: su hija hace un mal partido, pero el equipo gana.
Todos celebran.
El Modo Happy aparece misteriosamente desactivado.
Cronómetro Humano
Estadística oficial no homologada por la FederaciónNo necesita acta.
No necesita estadísticas.
No necesita aplicación.
Sabe que su hija ha jugado 13 minutos y 42 segundos y que otra ha estado 19 minutos en pista.
Probablemente también conozca el número de posesiones, sustituciones y cuántas veces ha salido antes la otra jugadora.
Sufrimiento en Silencio
Cada entrada a pista parece una final olímpicaAquí no hace falta que su hija sea una estrella.
Basta con verla bien.
Quizá acaba de llegar al equipo. Quizá le cuesta un poco más. Quizá tiene menos confianza.
Cada pérdida de balón duele.
Cada canasta devuelve seis meses de esperanza de golpe.
Cuando desde el banquillo llaman a su hija para entrar, se activa el protocolo familiar.
La postura en la grada cambia.
Se contiene la respiración.
Y alguien probablemente activa algún santo.
Pero hay algo especialmente bonito en este perfil: cuando otra compañera juega bien, también se alegra.
Spielberg
Próximamente en una plataforma de streamingNo ve los partidos.
Los produce.
Móvil al 100 %, batería externa y almacenamiento suficiente para grabar una temporada completa de Euroliga.
Existe una versión especialmente sofisticada: Spielberg Selectivo.
Tiene la extraordinaria capacidad de conseguir que, en un deporte con diez jugadoras en pista, solamente aparezca una.
Su hija.
Después están quienes graban el partido entero y lo comparten con todas las familias.
A esas personas hay que protegerlas.
Secretaría Técnica
Sin este perfil probablemente jugaríamos en el pabellón equivocadoNo sabemos qué cargo ocupa exactamente en el club.
Probablemente ninguno.
Pero el miércoles ya ha enviado:
Mientras parte del grupo todavía pregunta “¿dónde jugamos?”, Secretaría Técnica ya sabe incluso si el bar del pabellón acepta tarjeta.
Hater Logístico
Ningún horario ha sido jamás correctamente elegidoSi juegan a las nueve: “¿A quién se le ocurre?”
Si juegan a las doce: “Nos rompe todo el día.”
Si juegan por la tarde: “Ya podrían hacerlo por la mañana.”
El equipamiento es malo. Entrenan poco. O demasiado.
El pabellón está frío. O hace calor.
El torneo cuesta demasiado. La Federación organiza fatal. Y el hotel no vale lo que han pagado.
En ocasiones tiene razón.
Zen de Grada, edición Premium
“A mí estas cosas me dan igual”Café en la mano.
Conversación agradable.
Todo está bien.
“Yo vengo a verla y ya está.”
Parece haber alcanzado un nivel espiritual desconocido para el resto de la grada.
Hasta que su hija deja de jugar dos partidos.
—¿Está pasando algo con las rotaciones?
—No, por saber…
Nada grave.
Simple curiosidad.
Guardiola de Grada
Durante el viaje de vuelta se transforma en Entrenador del CocheLa presión llega tarde.
La ayuda está mal hecha.
Hay que atacar el lado débil.
No entiende por qué no han pedido tiempo muerto.
La zona está destrozando al equipo.
Lo impresionante no es que vea todo eso.
Lo impresionante es que ningún club haya descubierto todavía semejante talento.
Cada fin de semana sigue sentado entre nosotros.
Desaprovechado.
Al terminar el partido aparece su evolución natural: Entrenador del Coche.
—Ahí tenías que haber atacado.
—Tienes que tirar más.
—No entiendo por qué te han cambiado.
Representante sin Contrato
Su hija es Infantil. Su carrera ya tiene planificación estratégica.Conoce campus, tecnificaciones, selecciones, clubes, entrenadores y oportunidades.
Sabe quién está mirando el partido.
Qué club necesita una base.
Quién podría cambiar de equipo.
Y cuál debería ser el siguiente paso en la carrera deportiva de su hija.
Visillo 2.0
No cotillea. Está extraordinariamente bien informado.Antes de que el club publique la convocatoria, ya la conoce.
Antes de anunciarse un fichaje:
—No puedo decir nada, pero…
Esa frase significa que va a decirlo.
Sabe quién cambia de club, quién ha probado con otro equipo, quién podría entrar en una selección y quién ha hablado con qué entrenador.
Y, sobre todo, posee una extraordinaria generosidad informativa.
Departamento de Chismes
“No sé si será verdad, pero…”Es familia cercana de Visillo 2.0, pero su especialidad no es la información deportiva.
Es el contexto.
—Dicen que aquella familia…
—Pues me han contado que quien entrena…
—No sé si será verdad, pero…
Cuando una frase empieza con “no sé si será verdad…”, la probabilidad de que la conversación termine bien suele disminuir bastante.
Modo Final Four
Cada posesión parece el quinto partido de unas FinalesQuedan ocho minutos del primer cuarto.
Su equipo pierde 6-4.
La temporada está en riesgo.
—¡¡NO PUEDE SER!!
—¡¡AYYYYY!!
—¡¡VENGA HOMBRE!!
Hay personas que miran el partido.
Modo Final Four lo interpreta.
Se levanta. Se sienta. Se vuelve a levantar.
Después mira alrededor buscando confirmación de que la injusticia acaba de ser observada por más testigos.
Perfil Prudente
Extraña capacidad para no decir absolutamente todo lo que piensaExiste.
Aunque cuesta detectarlo.
No comenta alineaciones.
No analiza minutos.
No explica continuamente lo que debería hacer quien está entrenando.
Cuando alguien pregunta:
—¿Tú qué opinas?
—No sé. Quien entrena sabrá.
Inicialmente resulta sospechoso.
¿De verdad no tiene opinión?
Claro que la tiene.
La Grada Disfrutona
Ha descubierto que el fin de semana también puede ser divertidoLlega.
Saluda.
Se ríe.
Anima.
Celebra una buena jugada propia y hasta es capaz de aplaudir alguna bonita del rival.
Después busca dónde comer.
Si ganan, fenomenal.
Si pierden, también habrá café, comida y conversación.
Parece haber comprendido algo que a veces el resto olvidamos.
El fin de semana también puede ser divertido.
VAR de Grada
Mantiene una relación personal con todos los árbitrosLos pasos son clarísimos.
Excepto los de su equipo.
Las faltas también son evidentes.
Especialmente las que recibe su hija.
Cuando su hija golpea:
—Eso es contacto de baloncesto.
Cuando la rival toca a su hija:
—¡¡PERO ESTO QUÉ ES!!
Existe una variante avanzada que comienza cada análisis diciendo:
—Yo no suelo hablar de los árbitros…
Es muy fácil reconocer a los demás
Probablemente mientras leías hayas puesto nombres.
“Este perfil es fulanito.”
“Esta es exactamente aquella familia.”
“Clavado.”
Pero el verdadero ejercicio empieza cuando volvemos a leer la radiografía pensando en nosotros.
Porque seguramente alguna vez hemos sido Guardiola de Grada.
Alguna vez hemos activado el Cronómetro Humano.
Alguna vez hemos pensado que nuestra hija merecía jugar más.
Alguna vez hemos sido un poquito Yo-Yo.
Alguna vez hemos entrado en Modo Happy solamente mientras todo iba como esperábamos.
Alguna vez hemos protestado una falta que, si hubiera ocurrido al otro lado de la pista, probablemente nos habría parecido perfectamente normal.
Y tampoco pasa nada por reconocerlo.
Somos padres y madres.
Queremos que nuestras hijas estén contentas.
Queremos que jueguen.
Queremos que progresen.
Queremos que las valoren.
Y sí, en algún rincón bastante humano de nosotros mismos, probablemente queremos también que destaquen.
“Mi hija debería jugar más”
Puede que sea verdad.
Pero existe una pregunta matemática bastante incómoda.
Si todas nuestras hijas merecen jugar más,¿quién debería jugar menos?
Resulta mucho más sencillo defender oportunidades cuando pensamos en nuestra hija que cuando esas oportunidades implican quitárselas a otra.
Ellas juegan. Nosotros acompañamos.
Las jugadoras probablemente olvidarán muchos resultados.
Quizá dentro de diez años tampoco recuerden quién quedó tercero en aquel campeonato Infantil.
Pero posiblemente sí recuerden cómo se sentían.
Si podían equivocarse.
Si tenían que mirar a la grada después de cada error.
Si el viaje de vuelta después de un mal partido era una tortura.
Si una canasta hacía feliz a toda la familia o si una derrota dejaba mal ambiente durante todo el domingo.
Nuestra influencia es enorme.
Mucho mayor de lo que seguramente pensamos.
Por eso quizá la mejor grada no sea la que más sabe de baloncesto.
Ni siquiera la que más anima.
Puede que sea la que consigue algo bastante más difícil:
Porque ellas juegan.
Nosotros acompañamos.
La pregunta incómoda
Todos queremos que nuestras hijas disfruten, mejoren y tengan oportunidades.
Y seguramente todos queremos, aunque cueste un poco reconocerlo, que alguna vez sean un poquito mejores que las demás.
La cuestión no es negar esos sentimientos.
La cuestión es aprender a gestionarlos.
Si mi hija merece jugar más… ¿qué sentiría yo si quien tuviera que jugar menos fuese la hija de la persona sentada a mi lado?